3 cuentos anónimos egipcios sobre Osiris

Egipcio tiene una gran tradición cuentística anónima, y nos vamos a darnos el capricho de seleccionar tres de esos cuentos anónimos egipcios. Los tres tienen un denominador común: la presencia, de un modo u otro, del rey Osiris, inventor de la agricultura y la religión, ahogado el Nilo por orden de su hermano Seth, y devuelto a la vida milagrosamente por sus hermanas Isis y Netfis.

Tres textos breves que nos introducir por breves instantes en el apasionante mundo del Antiguo Egipto. ¿Te animas a leerlos?

Minicuento anónimo egipcio: La leyenda de Osiris

Osiris era el hijo mayor de Nut, la diosa del Cielo, y de Gueb, el dios de la Tierra. Se dice que fue el primer rey de Egipto, hasta el día en que la desgracia cayó sobre él.

Seth envidiaba a Osiris, su hermano. Durante una fiesta retó a los invitados a que entrasen en un cofre. Osiris se introdujo en él y la tapa se cerró… ¡Osiris cayó en su trampa! Y Seth hizo tirar el cofre al Nilo y se apoderó del trono. 

Isis, la mujer de Osiris, encontró el cadáver de su esposo y lo escondió. Pero el malvado Seth se apoderó de él, cortándolo esta vez en catorce pedazos, que esparció en la corriente del Nilo.

Tras una larga búsqueda, la diosa hechicera Isis recuperó los pedazos y pacientemente los unió. Con la ayuda de Anubis, el dios de los embalsamadores, le devolvió la vida a Osiris, que se convirtió en el dios de los muertos en el Más Allá. ¡Isis jamás volvió a reunirse con su esposo en la tierra! 

Sin embargo, hubo venganza. Su hijo Horus, el dios con cabeza de halcón, se enfrentó a Seth en terrible combate, venciendo y reconquistando el reino de su padre.

Historia corta anónima egipcia: Isis y los siete escorpiones

El malvado dios Seth desconocía que Osiris e Isis tuvieron un hijo llamado Horus. Isis y Horus se escondían cuando Seth los encontró y los encerró.

Cuando caía la tarde y con la ayuda de Thot, dios de la justicia y la verdad en la tierra y el cielo, escaparon de su prisión. Durante su viaje envió siete escorpiones mágicos para guiarles y protegerles.

Tras un largo viaje por la Tierra de Egipto, llegaron a Per–Sui, ciudad donde se venera al cocodrilo. Isis y su hijo llegaron muy fatigados y con ganas de descansar. Vieron una casa cercana a las marismas donde, en la puerta, se encontraba una mujer muy rica llamada Usert. Pero al ver los siete escorpiones que los acompañaban, se negó a ayudarlos y les cerró la puerta de su casa, aunque al final encontraron donde descansar, pues una mujer pobre los albergó amablemente en su casa.

Los escorpiones, a pesar de todo, estaban muy enfadados por la actitud de la mujer rica, y decidieron darle una lección por su falta de caridad. Le dieron todo su veneno a su jefe, Tefen, quien entró en la casa de la mujer rica y de este modo picó a su hijo que estaba durmiendo. La mujer comenzó a llorar pidiendo ayuda, pero nadie acudía a socorrerla. Sin embargo, la diosa Isis salió corriendo a ayudarla. Cogió en brazos a su niño y ordenó al veneno mortal mediante sus palabras que saliera de su pequeño cuerpo, y de este modo se salvó de la muerte.

La mujer de nombre Usert se dio cuenta de que Isis, la Señora de la Magia, a quien antes sin consideración ninguna había negado hospedar, había salvado la vida de su hijo. Sentía tales remordimientos que ofreció toda su fortuna a Isis y a la mujer pobre de las marismas que ofreció su casa sin temor alguno.

Cuento anónimo egipcio: Harpócrates en peligro

Una vez más, mi sabio Thot aparece.
Esta vez ayuda a Isis y a Horus.
Nuestro Harpócrates se está muriendo
y no hay muchas esperanzas de devolverlo a la vida.

Horus, el hijito de Isis y Osiris, tuvo una infancia llena de peligros. Nuestro pequeño nació en los sagrados pantanales de Tshemmis, lugar donde estaría a salvo de su tío Seth.

Un día, cuando Isis y su pequeñín se encontraban fuera de los pantanales, fueron secuestrados por Seth.

Nuestra bella diosa fue encerrada en una casa de hiladas con su hijo.

Thot al poco tiempo se enteró del lugar donde se encontraban. Entró sin ser visto y le dijo a Isis:

–¡Rápidamente! ¡Regresen a los sagrados pantanales de Tshemmis!

De nuevo, nuestro sabio se dirigió a Isis y le explicó:

–Allí no podrá seguirlos Seth. Estarán a salvo hasta que Horus sea más mayor y pueda acceder al trono de su padre.

Dicho esto, le entregó a la diosa siete escorpiones mágicos para que los protegieran durante el camino de regreso a los sagrados pantanales.

Isis estaba agotada después de haber estado toda la noche andando con su hijito a cuestas. Ya llevaba medio día sin poder casi ni andar. Se detuvo delante de una casa para buscar cobijo y descanso. Les abrió la puerta una mujer, la cual al ver los escorpiones, cerró de inmediato la puerta y no los dejó pasar. Era una mujer con muchas riquezas, pero ni se detuvo a escucharlos.

Un poco más adelante, la hija de un pescador muy pobre compartió con ellos la poca comida que tenía y su humilde choza.

Cuando Isis y Horus descansaban en aquella cabaña, los siete escorpiones no paraban de criticar a la señora rica que no había querido ayudarlos. Se fueron hacia la casa de ésta con el propósito de envenenar a su hijo. Unieron el veneno de todos en el aguijón de su jefe, Tefen, e hicieron lo que se habían propuesto.

La señora cogió a su hijo en brazos y se fue de su casa buscando ayuda.

Isis se enteró de lo ocurrido, y dijo pensando en su pequeño:

–No voy a consentir que muera por mi culpa un inocente bebé.

La diosa hizo venir a la mujer, y dijo:

–¡Que Horus esté sano para mí y que este pequeño esté sano para su madre!

También añadió:

–Soy Isis, la Gran Madre, y con mis poderes haré que el veneno se muera y el pequeño viva.

La mujer no sabía cómo agradecérselo a la diosa y tomó todas las cosas más valiosas que tenía y se las entregó a la hija del pescador.

Nuestra Isis se puso muy contenta.

Al poco tiempo ya se encontraban en los pantanales de Tshemmis.

Isis escondió a su bebé entre las malezas de papiro y salió a buscar comida.

Esta vez no dejó a ningún guardián con Horus, pensando que no le ocurriría nada en aquel sitio tan tranquilo. Pero cuando regresó su hijo estaba muy grave y la magia de Isis fallaba porque no sabía qué enfermedad tenía su niño. Isis se alarmó y no tenía a quién recurrir pues su marido estaba muerto, y los dioses estaban lejos.

Pronto recordó que había un pueblecito cerca de donde se encontraban y corriendo fue hacia allí en busca de ayuda.

Isis no hacía más que gritar, estaba muy angustiada. A los pocos minutos apareció una anciana, en la cual se reflejaba, al mirarla, una gran sabiduría. Tenía en las manos el amuleto del “Signo de la Vida o anj”. Se acercó a nuestra diosa y le dijo:

–Seth no puede entrar en los sagrados pantanales, pero seguro que ha mandado a una criatura venenosa. Ha podido ser una serpiente o cualquier otro ser.

La anciana se quedó mirando a la diosa y ésta se dio cuenta de que tenía razón: «Nuestro Harpócrates había sido envenenado»

Horus lloraba y lloraba.

Poco después aparecieron allí Neftis, hermana de Isis, junto a Selkis, la diosa escorpión.

–¡Isis, no pierdas tiempo! ¡Horus se está muriendo! Tienes que detener la Barca del Sol, así el viento cósmico no soplará y el tiempo se detendrá hasta que nuestro pequeño sane.

Isis sabía que tenía mucho poder, pues ella era la única que sabía el nombre secreto de Ra.

Miró hacia el cielo y logró detener la Barca del Sol.

Ra estaba muy alarmado porque se dio cuenta de que algo muy grave estaba pasando, pues la Barca del Sol no avanzaba. Se dirigió a Thot para pedirle que fuera a Egipto a enterarse de qué estaba ocurriendo. El sabio dios enseguida cumplió con los deseos de nuestro Rey de los Dioses.

–Isis, ¿qué ha pasado? –preguntó Thot.

–Horus está muriéndose. Seth es el culpable. Ha mandado una criatura para envenenarlo –contestó Isis.

Thot, dirigiéndose a Isis y a Neftis, respondió:

–Tranquilícense.

Entonces mi sabio Thot empezó a recitar una serie de palabras mágicas y terminó diciendo:

–¡Veneno! Ra te ordena salir de este pequeño. La Barca del Sol no podrá seguir avanzando y la mitad del mundo se quemará y la otra mitad se encontrará en la más profunda oscuridad hasta que Horus sane.

Seguidamente Harpócrates sanó.

Thot tuvo que regresar al cielo pues sin él los demás dioses no podían remar. Ra se puso muy contento al saber las buenas noticias que le traía Thot.

Isis abrazó a nuestro Horus el Niño.

A partir de entonces nuestra bella divinidad puso todas sus esperanzas en su hijo. Lo educó para que más adelante vengara a su maléfico tío Seth que fue también el responsable de la muerte de su padre, Osiris.