Relato de ciencia ficción de Philip K. Dick: Algunas peculiaridades de los ojos

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Philip K. Dick (1928-1982) fue uno de los autores norteamericanos del pasado siglo en el ámbito de la ciencia ficción. Ganó numerosos premios literarios (el primero de ellos, el Premio Hugo, por la novela El hombre en el castillo) y escribió novelas y relatos cortos, y muchas de sus narraciones fueron llevadas a la gran pantalla.

Relato corto de Vargas Llosa: Día de domingo

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Rara vez se piensa en Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura (2010), como escritor de cuentos. Es lógico: el autor peruano ha consagrado su carrera sobre todo a la novela (y de manera eventual al ensayo y el teatro), pero conviene no olvidar que en 1959 Vargas Llosa publicó un magnífico libro de cuentos, Los jefes, que fue galardonado con el Premio Leopoldo Alas.

Relato corto de John Cheever: La monstruosa radio

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La historia nos ofrece la estampa de un matrimonio de clase media, convencional, amantes de la música, que adquiere una radio. Lo que se suponía iba a ser una fuente de placer acaba por convertirse en una ventana abierta a un mundo en descomposición, pese a su apariencia de normalidad. (Ya lo dijo Henry David Thoreau: “La mayoría de los hombres lleva vida de tranquila desesperación).

Relato corto de Rodrigo Rey Rosa: La niña que no tuve

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El guatemalteco Rodrigo Rey Rosa es uno de los narradores latinoamericanos más destacados de los últimos tiempos. Autor de relatos cortos (El cuchillo del mendigo, Ningún lugar sagrado, El agua quieta) y novelas (El cojo bueno, Carta de un ateo guatemalteco al Santo Padre…) y el libro de no ficción La cola del dragón, que recopila textos cortos (artículos de prensa, ensayos, crónicas…).

Relato corto de Bioy Casares sobre viejitos voladores

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Un diputado, que en estos años viajó con frecuencia al extranjero, pidió a la cámara que nombrara una comisión investigadora. El legislador había advertido, primero sin alegría, por último con alarma, que en aviones de diversas líneas cruzaba el espacio en todas direcciones, de modo casi continuo, un puñado de hombres muy viejos, poco menos que moribundos. A uno de ellos, que vio en un vuelo de mayo, de nuevo lo encontró en uno de junio. Según el diputado, lo reconoció “porque el destino lo quiso”.