En defensa de la novela negra

Esta semana ha caído en mis manos Los pájaros de Bangkok, de Manuel Vázquez Montalbán. Publicada hace 38 años por la editorial Planeta, la he leído como lo que es: una novela moderna, divertida, bien escrita, bien hilada, bien resuelta, con un ritmo que no declina en ningún momento, y un desencantado Pepe Carvalho, viajero a la fuerza, que ha de solucionar no un caso, sino tres, todo ello amenizado con recetas gastronómicas y una mirada socio-política, fruto de la pasión que el propio autor sentía por la cocina y por la política.

Me ha dado por consultar varios listados de las mejores novelas españolas del pasado siglo y no aparece en ellos esta obra, ni ninguna otra de Vázquez Montalbán. Es más, en los cánones de mejores obras literarias españolas nunca, o casi nunca, aparece una novela negra.

Es la circunstancia insalvable de un género de gran aceptación entre el público, pero siempre ninguneado en entornos académicos, donde se le niega una y otra vez la condición de “gran literatura”, aunque en ciertos casos lo sea. Es como si por unánime acuerdo tácito se descartase conceder grandes méritos a una obra literaria en la que el personaje principal sea un detective.

Volviendo a los cánones de las mejores novelas españolas, la tendencia es incluir libros que ofrecen una versión gris de la España de antes (Los santos inocentes, La familia de Pascual Duarte, Los pazos de Ulloa, Los Abel). Grandes novelas, sin duda alguna, cuyo reconocimiento, por otra parte, viene a constatar que en literatura se concede mayor prestigio a lo gris que a lo negro.

Sirvan estas líneas, más allá de cánones, como legítima defensa personal de la (buena) novela negra, por ejemplo, los libros que el citado Vázquez Montalbán dedicó a su detective Pepe Carvalho, un personaje políticamente incorrecto que supone un soplo de aire fresco en estos tiempos de falso y doctrinario puritanismo.

Francisco Rodríguez Criado, El Periódico de Extremadura, 27/10/2021

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