Los escritores malditos rusos

El escritor y político español Juan Van Halen publicó en 1967  un artículo sobre los escritores malditos rusos que da mucho que pensar. El artículo, “Evtushenko, y los escritores malditos”, incluido en su libro Geografía para vagabundos, nos informa sobre cómo el Estado ruso maniataba las voces de los escritores díscolos, y pone el acento en ✅ Evgueni Evtushenko , que, en opinión de Juan Van Halen, no era un escritor maldito sino oficialista.

Evtushenko, y los escritores malditos (Juan Van Halen)

Como un meteoro pisó Evtushenko suelo español. Violentamente, pero pausado, casi ceremonioso sabiéndose protagonista de la actualidad, gran vedette de las perimas páginas. El fenómeno Evtushenko ha llegado a España y ha salido de ella en un abrir y cerrar de ojos. El hotel, los amigos españoles, el round teatral del “Gijón”, el viaje a Sevilla, los “tablaos” y los clubs nocturnos. Luego, a Portugal. (Ahora, ya en Moscú). Y tras él, los comentarios; las entrevistas, más presentidas que reales. Evtushenko es un nombre clave en la moderna literatura soviética. Lleva todos los aires del mundo sobre sus hombros de cosaco. Se habla de él y se hablará. Hombre difícil y, durante algún tiempo, poeta maldito. ¿Recuerdan el eco que despertó su poema Babi Yar? Todavía se comenta aquel discurso de Kruschev denunciando “a los jóvenes poetas tendidos demasiado hacia Occidente”. Evtushenko, hoy, desde hace ya varios años, es el “poeta maldito” oficial de Rusia. Recorre el mundo y lanza sus versos a todos los aires. A mí me parece un buen poeta –vaya esto por delante– y un hombre hábil.

Ahora leo Lumibov, de Andrei Siniavski. Es la primera traducción castellana, al menos de una editorial de nuestro país. Lubimov –algo así como “ciudad de amor”, del ruso Luivob– es una dura crítica al sistema. Siniavski publicó el primer libro en el extranjero, siguiendo los pasos del ahora recién habilitado Pasternak, aunque “El doctor Jivago” no se ha publicado en Rusia y la película continúa prohibida. Leo Luvimov y pienso en los otros malditos de la literatura rusa, de las letras de más allá del “telón”. La lista podría ser interminable. La encabezarían por derecho Andrei Siniavski y Yuri Daniel, y con ellos, Brodski, Esenin-Volpin, Dondintzev, Galndskov y Okudjava, en Rusia; Djilas y Mihailvo, en Yugoslavia; kuron y Kodzelevsi, en Polonia; y tantos otros.

¿Quiénes son? ¿Dónde encontrar sus libros? Hay que llegarse a las ediciones de sus obras fueras del “telón”. Hay que buscar sus seudónimos. Daniel será “Nicolás Arzhak”; Siniavski, “Abraham Tertz”. Hay que entrar dentro de su miedo, un miedo denso que tiene su respuesta en la eficaz policía política rusa, que los envía a Siberia, que prohíbe sus recitales y sus libros. Aún está cerca el proceso a Siniavski y a Daniel. Las protestas internacionales fueron innumerables. Incluso en Rusia, un grupo importante de intelectuales alzaron su voz en defensa de sus compañeros. Entre las 62 firmas de escritores soviéticos que protestaron por el proceso estaba la de la poetisa Bella Ajmadulina, una de las más conocidas de Rusia, primera esposa de Evtushenko.

Se insistió para que el poeta firmara el documento en defensa de Siniavski y de Daniel. Sin embargo, el autor de Babi Yar o de Los herederos de Stalin no quiso comprometer su nombre, no deseó complicar su vida ni su posición oficial. Al cabo, todas las campañas mundiales en pro de la libertad de los escritores fueron inútiles. Siniavski y Daniel están en Siberia, y continuarán allí varios años.

Poeta Joseph Brodski

¿Qué podría decirse de Brodski, el poeta silenciado, al que se prohíbe publicar sus libros? ¿Y de Esenin-Volpin, poeta, matemático y filósofo, hijo del gran Sergio Esenin, uno de los mayores poetas de Rusia? ¿Y de Galansko, confiando en Siberia? ¿Y de Dodintzev, apartado de su vocación de novelista? ¿Y de Okudjara, “el alegre tamborillero de Moscú”, que no puede actuar y cuyos recitales se persiguen? Un telón de silencio ha caído sobre todos ellos. ¿Continúan en los manicomios o en las cárceles? ¿Y qué podría decirse de los escritores malditos del grupo SMOG, y de los que publican la revista Esfinge, prohibida, perseguida, que se edita a escondidas, en multicopista, y sale cuando puede? Hay mucho que hablar, sí, sobre escritores malditos en Rusia.

Leo Lubimov, que es más que una sátira; es una realidad, una amargura destilada sobre esta “ciudad del amor” que presenta Siniavski. Leo Lubimov y pienso en los otros malditos, en los que no han tenido la propaganda de Evtushenko ni buena prensa. En más de una revista española hemos leído algo del “maldito Evtushenko” como si fuera, de verdad, un escritor perseguido en Rusia. Pemán, en su sección de un semanario, nos contaba espléndidamente la vista que le hizo el poeta ruso en su casa de Cádiz. Decía que Evtushenko parece, sobre todo, un amante de la libertad, o algo así; pero la realidad es otra. Resulta un amante de la libertad fuera de su país; de la liberta propia, no de la de sus compañeros. Los escritores malditos –y no sólo en Rusia– tienen el peligro de “institucionalizarse”. Entonces son ya escritores de figurín o actores, vedettes; son los escritores malditos utilizables, los malditos oficiales, los malditos “al servicio de…”. Ese es el caso del “maldito Evtushenko”, el Evtushenko de La tercera nieve, La carretera de los entusiastas o La promesa; el de La lancha correo, su más reciente libro.

Me gustan Siniavski (el de Lubimov) y Daniel (el de El hombre de Minap o La expiración). Son francotiradores de una lucha que les ha llevado a Siberia. Se han guardado fieles a sí mismos, como tantos otros, grandes engañados. Yo leo sus obras y las releo, y me gustan los tipos y los desengaños que guardan detrás de cada palabra. Se cansaron de escribir entre líneas y publicaron en el extranjero. Siniavski escribió una crítica al realismo socialista que apareció en Esprit. Daniel publicó artículos y cuentos. Y ese fue el principio. Ahora, en la soledad de cualquier ignorada celda, Siniavski y Daniel pensarán en la revolución que no se ha hecho para ellos, mientras Evtushenko, con aureola de poeta maldito, recorre el mundo y reside en los hoteles de lujo y fuma tabaco americano. Pero yo creo que hay otros malditos. Hombres sin hoteles, ni coches descapotables, ni tabaco occidental; hombres que no conocen los aplausos ni las sonrisas de las bellas jovencitas del más acá del “telón”; hombres que tienen muchos motores incitantes, ciertamente rebeldes. Son esos otros malditos con muy mala prensa. Varios fueron amigos de Evtushenko. Pero él, desde su empingorotada posición oficial, no movió un dedo por ellos.

Juan Van Halen (1967)

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