4 microrrelatos de Henri Michaux, precursor del género ultrabreve

Henri Michaux (1899-1984), artista francés nacionalizado belga, destacó en disciplinas como la literatura y la pintura.

Aunque poco traducido al castellano (apenas dos o tres libros de poemas, alguno sobre pintura y otro de misceláneas, Desplazamientos. Desprendimientos), se le considera uno de los precursores del microrrelato, en una época en la que los lectores y autores se referían a él simplemente como “textos cortos”, pues no había entonces los estudios sobre el género de los que ahora disponemos, lo cual no fue óbice para que Michaux nos dejara algunas piezas interesantes, con el toque particular del autor libre que fue.

A continuación podéis leer cuatro microficciones de Henri Michaux, un escritor no lo suficientemente conocido por estas geografías, un motivo más para adentrarnos en su obra literaria

Microrrelato de Henri Michaux: Distraerse

Un cazador para asustar a la caza prendió fuego a un bosque. De pronto vio a un hombre que salía de una roca.

El hombre atravesó el fuego sosegadamente. El cazador corrió tras él.

–Diga, pues. ¿Cómo hace para pasar a través de la roca?

–¿La roca? ¿Qué quiere decir con eso?

–También lo vi pasar a través del fuego.

-¿Fuego? ¿Qué significa fuego?

Ese perfecto taoísta, completamente borrado, no veía las diferencias de nada.

Historia ultrabreve de Henri Michaux : La simplicidad

Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo cambiar. Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada, la tomo y me acuesto con ella al instante.

Si sus orejas o su nariz son feas y grandes, se las quito juntamente con la ropa y las pongo debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada.Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio enseguida. Ese será mi regalo. Si entretanto veo a otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y lahago desaparecer inmediatamente. Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todocomo se me antojaba. Ahora paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo.)

Cuento muy corto de Henri Michaux: Preferencias

El jade, las piedras pulidas y como húmedas, pero no brillantes, turbias no transparentes, el marfil, la luna, una sola flor en su maceta, las ramas de múltiples ramillas con hojitas delgadas, vibrantes los paisajes lejanos y envueltos en una bruma naciente, el canto (debilitado por la distancia) de una mujer, las plantas sumergidas, el loto, el croar del sapo en el silencio (no se llega a localizar nunca exactamente el ruido), los manjares insulsos, un huevo ligeramente pasado, los macarrón pegajosos, una aleta de tiburón, una lluvia fina que cae, un hijo que cumple los ritos del deber filial con una precisión enervante, insoportable, la imitación bajo todas sus formas, plantas de piedra, con flores cremosas, de corolas, pétalos y sépalos de una perfección irritante, representaciones teatrales en la Corte, por prisioneros políticos, obligados a tomar parte, crueldades deliciosas, he aquí lo que les ha gustado siempre a los chinos.

Minificción de Henri Michaux: Amor chino

El amor chino no es el amor europeo.

La europea ama con transporte, y de pronto olvida al borde del mismo lecho, pensando en la gravedad, en ella misma, o en nada, o bien simplemente conquistada por la “ansiedad blanca”.

La mujer árabe se porta como una ola. La danza del vientre, hay que recordarlo, no es una simple exhibición para los ojos; no, el remolino se instala sobre uno y lo arrastra y lo deja luego como beatificado, sin saber exactamente lo que ha sucedido, ni cómo.

Y ella también empieza a soñar la Arabia se levanta entre los dos. Todo ha concluido.

Con la mujer china, nada de eso. La china es como la raíz del banian, que se encuentra en todas partes, hasta en las hojas. Así, cuando se ha introducido en el lecho, se necesitan muchos días para desasirse.

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