Relato metaliterario de Eric James Stone: Cuento motivacional

En este texto metaliterario, Eric James Stone escenifica la escritura de una narración a tiempo real, escrito en forma epistolar, tomando al lector como posible protagonista del relato que está escribiendo.

El estadounidense Eric James Stone es autor de la colección de cuentos Rejiggering the Thingamajig and Other Stories. Su relato más conocido es That Leviathan, Whom Thou Hast Made , ganador del premio Nebula y nominado al Hugo en 2011.

Historia metaliteraria de Eric James Stone: Cuento motivacional

Empiezas a leer un relato y te das cuenta de que está en segunda persona y en presente, como en una de esas historias de Elige tu propia aventura  . Pero este no es el caso. De hecho, este cuento está escrito en formato epistolar: es un mensaje de mí para ti. He elegido este método de comunicarme contigo porque es discreto y siempre puedes hacer oídos sordos aduciendo que no es más que un relato.

¿Que quién soy? Bien, soy un escritor, eso es obvio. Pero la pregunta más importante es: ¿quién eres tú? Y la respuesta es: tú eres el protagonista de la obra en la que ahora mismo estoy trabajando, una novela sobre… Bueno, no quiero destripártela.

Por ahora te está resultando difícil suspender tu incredulidad. Piensas que es totalmente inverosímil que estés viviendo en una novela en proceso de escritura. Quieres que te lo demuestre. Me parece razonable: yo pensaría eso mismo si estuviese en tu lugar.

Si realmente yo fuese tu autor, entonces conocería tu pasado. Conocería cosas sobre ti que nunca has contado a nadie. Y podría escribir una de esas cosas en el siguiente párrafo, dirigiéndome expresamente a ti por tu nombre, y entonces estarías seguro de que soy tu autor.

Sin embargo, no lo voy a hacer por dos motivos. El primero: tú no eres la única persona que está leyendo este cuento, y sería bastante embarazoso para ti en tu mundo que los demás que leyesen esto descubrieran determinados aspectos de tu vida. Y lo que es todavía más importante: la certeza de ser el protagonista de la novela que alguien está escribiendo sin duda cambiaría tu proceder. Por ejemplo, sabrías que no podías morir (al menos no hasta que el devenir de tu vida hubiese alcanzado un cierto clímax dramático), y no deseo que hagas gala de un comportamiento injustificadamente peligroso que te conduciría a situaciones de las que sería yo quien tuviese que sacarte con mi pluma.

Entonces ¿por qué mandarte este mensaje?

Bueno, resulta que no eres exactamente el personaje que esperaba que fueses cuando empecé a escribirte.

No me malinterpretes: eres una buena persona con muchas cualidades admirables. También tienes defectos que te humanizan, lo que está bien. No te estoy criticando como persona. Te estoy criticando como protagonista de mi novela. Y tienes que reconocer que la historia de tu vida hasta el momento tampoco es que huela a superventas en potencia.

Bien, tal vez pienses que no está bien que te critique como personaje por no vivir una vida que dé para un superventas. «Ese es un problema de la trama —podrías decir—. Si mi vida no es digna de una novela es porque tú no le has dado a mi vida una trama digna de una novela».

Tienes razón. Confieso que no soy de los que planifican. Soy más bien uno de esos escritores que van descubriendo todo sobre la marcha, así que no sé con exactitud hacia dónde se encamina esta obra, y es muy probable que termine descartando los dos primeros capítulos, que he escrito fundamentalmente para familiarizarme contigo como personaje.

Ahora que ya sé qué clase de persona eres, me he topado con un problema. En un futuro muy cercano te enfrentarás a una decisión en la que una de las opciones te sacaría tanto de tu terreno conocido que parece poco realista que pudieses optar por ese camino. Pero esa es la opción que tienes que elegir para llegar a embarcarte en la aventura de tu vida (o a lo mejor en varias aventuras, si mi agente consigue llegar a un acuerdo con la editorial para una serie de varios libros).

Por eso estás leyendo esto: para que pueda incluir una línea sobre cómo habías leído hacía poco un cuento brillante (vale, aquí estoy cargando un poco las tintas) que te hizo plantearte cómo a veces es necesario decantarnos por opciones que nos saquen de nuestro elemento. Es tu motivación para hacer algo que de otra manera podría no encajar del todo en el personaje.

Ahora que has leído esto, confío en que tomes la decisión de elegir tu propia aventura.

Gracias y ¡buena suerte!

(La vas a necesitar.)

Eric James Stone

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